Conferencia impartida en el Curso de verano de la Universidad de Toledo el 8 de septiembre de 2009 por D. Diego de Ojeda, Director General de Casa Sefarad-Israel

8 de Septiembre de 2009

Tomé posesión como Director General de Casa Separad de Israel el 1 de julio del año pasado, es decir, hace un año y dos meses. El mandato es de tres años, así que todavía resta algo más de la mitad. Es un mandato renovable, quién sabe lo que pasará a su término. En todo caso, es un trabajo absolutamente fascinante y de una gran intensidad, lo que ha propiciado que esta primera etapa se me haya hecho cortísima.

Mi perfil no es el de un estudioso del mundo judío, de la cultura judía o de lo sefardí. Yo soy funcionario de la Comisión Europea aunque llevo cinco años en España; los cuatro años anteriores a mi llegada a la Casa estuve destinado en Departamento de Política Internacional del Gabinete del Presidente del Gobierno. Cabe decir que mi especialidad profesional es el Mediterráneo, incluido Israel, país en el que viví durante dos años – concretamente en Jerusalén - a mediados de los noventa por mi implicación profesional en el Proceso de Paz Oriente Medio, país que también he visitado con frecuencia antes y sobre todo después de vivir en él.

En este sentido, mi punto fuerte - o el menos débil - sería el conocimiento del Israel contemporáneo, con sus pros y sus contras, lo cual considero es bastante útil para Casa Sefarad-Israel puesto que, además de tratar de recuperar el legado sefardí que hay en el sustrato de la cultura española, su mandato es también la promoción de las relaciones con el mundo judío moderno y, señaladamente, con Israel. El pasado compartido es de una tremenda importancia y recuperarlo y revivirlo es sin duda una prioridad, pero desde mi punto de vista, la Casa Sefarad-Israel debe ser el instrumento que permita traducir dicha recuperación en una realidad presente y una perspectiva futura beneficiosa para España, para Israel y para las comunidades judías de la diáspora.
Dirigir una institución como Casa Sefarad-Israel es un enorme privilegio porque las “Casas” – hay otras cinco - son un instrumento de diplomacia pública tremendamente acertado y eficaz para conseguir los fines pretendidos, lo cual es una fuente de continuas satisfacciones.
 
El modelo de las “Casas” se inauguró con Casa América, creada con ocasión del V Centenario del Descubrimiento o Conquista de América. En 2002 se creó Casa Asia con la pretensión de incrementar la escasísima presencia de España en dicho continente aprovechando un modelo de institución pública autónoma que estaba probando ser muy útil y productivo para generar todo un marasmo de relaciones entre España y los países hermanos de Iberoamérica. Casa Asia también ha funcionado muy bien por lo que en la anterior Legislatura se decidió la creación de otras tres “Casas”: Casa Árabe, Casa África y Casa Sefarad-Israel y ya en 2009 se ha creado Casa del Mediterráneo. Nótese que la primera fue creada por un Gobierno socialista presidido por Felipe González mientras que la segunda se creó bajo la Presidencia de Jose María Aznar y las últimas cuatro bajo la de Jose Luís Rodriguez-Zapatero, lo cual demuestra que “las Casas” son una política de Estado.

Cada una de las “Casas” presenta ciertas especificidades. Casa América, como la mayoría sabe, está en Madrid y la forman el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad Autónoma de Madrid; Casa Asia, por contra está en Barcelona y, por lo tanto, el Consorcio lo forman el Ministerio de Asuntos Exteriores - es el socio mayoritario de todas las “Casas” - la Generalitat de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona, y aunque entró posteriormente, también el Ayuntamiento de Madrid por lo que tiene una subsede en Madrid. Casa África, por el contrario está en las Islas Canarias y, por lo tanto, son las autoridades insulares los que participan en el Consorcio junto al Ministerio. Casa Árabe está en Madrid pero tiene un Centro de Estudios Islámicos en Córdoba, así que además de las instituciones madrileñas y el Ministerio, figuran también en el Consorcio la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial de Córdoba. Por nuestra parte, Casa Sefarad-Israel está de momento localizada exclusivamente en Madrid y, por lo tanto, nuestro consorcio lo forman el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma de Madrid y el Ministerio.

Finalmente, Casa del Mediterráneo tiene sus sedes en la provincia de Alicante, cuyas autoridades están también en su consorcio junto al Ministerio de Exteriores. Las otras cinco “Casas” tienen como destinatario un continente, nosotros solamente un país, pero también una diáspora, que es universal. Además, con el mundo y la cultura judías tenemos un pasado común, algo que sólo compartimos plenamente con Casa América y Árabe. Cada una de las “Casas” es diferente. En este sentido, cabría decir que Casa Sefarad-Israel es la “hermana pequeña” de las “Casas”, la benjamina, porque es la que menos presupuesto tiene y menos empleados tiene. Claro que si la comparativa es en términos relativos, las otras “Casas” tienen que atender a un número mucho mayor de países y a una población infinitamente más grande, incluso si sumamos a toda la diáspora judía. Así que no parece pertinente quejarse, especialmente en los tiempos que corren de grandes dificultades presupuestarias. En realidad es al contrario, bien habría podido ser que de no mediar el interés especial por la zona del Ministro Miguel Ángel Moratinos, no se hubiera considerado necesario crear una Casa un poco “sui generis”.

Casa Sefarad-Israel presenta otra diferencia con las demás “Casas” a fecha de hoy: todas las demás tienen una sede representativa, un edificio cedido por las autoridades locales, en donde se pueden organizar exhibiciones, exposiciones, conciertos, coloquios como este, etc. Por el contrario, Casa Sefarad-Israel está en una oficina, una oficina muy digna y amplia en la calle Zurbarán de Madrid. Tenemos todo lo necesario para trabajar cómodamente pero carecemos de la posibilidad de organizar actividades públicas, lo cual es un grave problema dada nuestra naturaleza. Afortunadamente el Ayuntamiento de Madrid ha conseguido resolver ese problema en los últimos meses y dentro de muy pocas semanas, el Ministro de Exteriores y el Alcalde de Madrid tienen previsto firmar un memorando de entendimiento sobre la cesión de una sede muy bien situada en el centro de Madrid y a la que, si todo va bien y tengo la confianza en que así sea, nos trasladaremos justo después del próximo verano, cuando estén completadas las obras de remodelación ya en curso. Por lo tanto, al menos sobre el papel ya hemos conseguido resolver la ausencia de sede, cuestión que ha venido lastrando nuestra capacidad logística, nuestra visibilidad pública y también nuestra cuenta de resultados puesto que en muchas ocasiones hemos tenido que organizar nuestras actividades en espacio alquilado a precios comerciales.

Hay un elemento de las “Casas” que me parece apropiado subrayar: el de su condición de institución pública, de administración pública, pero autónoma, lo cual permite conciliar todas las ventajas de lo público con la flexibilidad de lo privado, si se me permite la expresión. De una parte, su condición de institución pública obliga a que Casa Sefarad-Israel no tenga fin de lucro, y la somete a controles – políticos, jurídicos y económicos – que garantizan que su gestión se rige por criterios objetivos – no sujeta a la preferencias de los patronos como en una fundación privada – es transparente y se sujeta a derecho. Al mismo tiempo, su autonomía de acción respecto a las instituciones que conforman el consorcio, permite eludir muchas de las limitaciones que sí tienen las administraciones públicas. Ello nos da una capacidad y agilidad de actuación que nos permite responder a propuestas a corto plazo y organizar eventos y proyectos con muchísima menos planificación que una administración pública ordinaria. Se lo dice alguien con mucha experiencia en los procedimientos que rigen la acción de la Comisión Europea, que maneja un volumen ingente de fondos, que te permite hacer muchísimas cosas, pero sujeto a unos procedimientos muy rígidos que exigen que entre el momento de concepción de un proyecto y su conclusión medien necesariamente un año o dos. En Casa Sefarad-Israel no es así, de hecho hemos acometido actuaciones con sólo dos o tres semanas de plazo. Evidentemente no es lo óptimo; a mayor planificación mejores resultados. Pero es una opción que resulta útil para aprovechar ocasiones que surgen de improviso y a las que las administraciones públicas no pueden, en general, hacer frente.

Como mencionaba anteriormente, una de los rasgos definitorios del mandato de Casa Sefarad-Israel es el pasado común, el pasado judío de España. Yo suelo decir que en mi opinión no cabe concebir la España de hoy sin la fructífera y larguísima y duradera aportación de la cultura judía durante muchos siglos. Desde luego, muchos más siglos que la aportación de la cultura árabe. No creo que haya que poner ambas en competencia pero sí resaltar que somos mucho más conscientes de la aportación árabe, como de la romana, la cartaginesa, las de los celtas y los íberos, que de la aportación judía, mucho más longeva e intensa que varias de las anteriores. Desde el Siglo II hasta finales del XV, fueron muchos judíos, cientos de miles de ellos, los que habitaron en España ininterrumpidamente, contribuyendo sustancialmente a conformar nuestra cultura, nuestra gastronomía, nuestras prácticas y usos comerciales, nuestros conocimientos científicos; en fin, a formar nuestra identidad colectiva nacional. Dicho de otra forma, España sería hoy muy diferente si no hubiera habido tantos judíos entre nosotros durante tantos siglos. Y me atrevo a afirmar que sería bastante peor. Como también me atrevo a ir un poco más allá para sostener que no cabe concebir el judaísmo contemporáneo, el mundo judío de hoy Israel incluido, sin la profunda evolución y desarrollo que la cultura y el pensamiento judíos experimentaron durante los siglos de Sefarad.

Los israelíes, los judíos de la diáspora y particularmente los judíos sefardíes son bastante más conscientes de nuestro pasado común de lo que lo somos los españoles en general. Pero tampoco lo son suficientemente por lo que la recuperación del legado de Sefarad debe incluir a las tres partes, algo que Casa Sefarad-Israel tiene bien presente. Y ello pese a que seamos un organismo, una institución, puramente española, es decir, no mixta hispano-israelí por más que llevemos el nombre de Israel en nuestro nombre oficial.

Permítanme un inciso. La explicación de la inclusión del vocablo Israel en nuestro nombre es que en hebreo, Sefarad quiere decir España, de tal manera que si nos hubiéramos llamado sólo Casa Sefarad, los israelíes no percibirían en absoluto nuestro mandato de servir de puente con su país y el mundo judío en general.

Volviendo al ámbito geográfico de la recuperación del legado de Sefarad, la realidad es que hasta la fecha nos hemos centrado sobre todo en España. Somos una institución muy joven; cuando yo llegué al cargo la institución llevaba un año de actividad, un año y medio todo lo más. Yo suelo decir que cuando nos traslademos a la nueva sede alcanzaremos la mayoría de edad… Pues bien, de momento estamos completando nuestro aprendizaje, a marchas forzadas eso sí, pero aprendizaje al fin y al cabo, incursionando en nuevas áreas y nuevos formatos sobre los que no teníamos ninguna experiencia. Obviamente es más sencillo, y menos costoso, para nosotros, organizar actividades en España, pero gradualmente estamos empezando a desplegar nuestros “tentáculos” para abarcar Israel y algunas comunidades judías de la diáspora, señaladamente en Iberoamérica, los Balcanes y Estados Unidos.

Seguramente es pertinente subrayar que Casa Sefarad-Israel no es una institución comunitaria judía, como lo son la mayoría de las instituciones, fundaciones y asociaciones internacionales que operan en nuestro ámbito. Las comunidades judías españolas o extranjeras tienen evidentemente un papel importante en nuestro quehacer, concretamente la Federación de las Comunidades Judías españolas y la Comunidad Judía de Madrid, en particular, pero como aliados y asesores cuyo apoyo y consejo buscamos y escuchamos con interés.

Está bien que operemos en terrenos diferenciados, juntos pero no revueltos, de la misma manera que es positivo que no se registren interferencias por parte de las instituciones públicas que forman nuestro consorcio porque en la medida en la seamos percibidos como una mera extensión del Gobierno perderíamos gran parte de nuestro valor añadido. Ello no obsta en absoluto para que en lo que se refiere a cuestiones de política exterior, Casa Sefarad-Israel respete escrupulosamente las posiciones que fijan el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Presidente del Gobierno y, en su caso, la Unión Europea. Pero no es nuestro ámbito. Así, si por ejemplo llegara el caso en que hubiera una relación muy tensa, muy mala entre España e Israel, la crisis sería entre el Gobierno de España y el Gobierno de Israel. Nosotros estamos en otro ámbito que es el de la sociedad civil española y el de la sociedad civil israelí, que no deberían verse afectadas. Es más, casi cabría decir que ese sería el momento en que Casa Sefarad-Israel tendría un cometido más importante todavía como instrumento útil para superar la crisis.

Tengo confianza en que no se darán las circunstancias que permitan comprobar lo anterior, al contrario, de manera creciente las relaciones oficiales entre España e Israel están construyendo un contexto constructivo y positivo que nos permite operar con mayor ambición. Y al mismo tiempo, resultar de mayor utilidad para la relación oficial. Seguro se entenderá lo que acabo de afirmar con un ejemplo. El otro día recibí un telegrama de nuestra Embajada en Tel Aviv que daba cuenta de una reunión entre el personal de la Embajada y el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí. La reunión sirvió para que ambas partes constataran la mutua voluntad de reactivar un protocolo oficial firmado por España e Israel hace diez años pero que había quedado más o menos olvidado en algún archivo, sin que ninguna de las dos partes hiciera demasiado por ponerlo en práctica. ¿Qué les había llevado a acordarse de repente de dicho protocolo? Una modesta actividad de Casas Sefarad-Israel en el mismo ámbito, exitosa por lo demás. De tal manera que cuando nos pongamos manos a la obra para repetir semejante actividad, contaremos de seguro con el apoyo de ambos Ministerios, lo cual nos permitirá acometerla con mayor ambición y medios.

He aludido a nuestro pasado común pero es menester detenerse un momento en la excesiva distancia que media actualmente entre España e Israel y entre España y los judíos. Recientemente tuve el honor de participar en México en el acto organizado por la comunidad sefardí para conmemorar el aniversario del decreto de expulsión de los judíos de España. Acudí con el Embajador de España e imaginé que no iba a ser una situación cómoda: salvando todas las distancias, algo así como representantes oficiales alemanes en una ceremonia para conmemorar el Holocausto nazi. Pues bien, nada más lejos de la realidad que nos esperaba. Aparte de, por supuesto, el recuerdo de aquella tragedia histórica, tanto para los expulsados como para el país que tanto se empobreció con su expulsión, a continuación todos aquellos sefardíes mexicanos empezaron a dar vivas muestras de lo mucho que sentían a España como propia, de su añoranza de nuestro país, del que se sentían parte a efectos emotivos y culturales.
Creo que a lo largo de la historia España no ha respondido suficientemente a este sentimiento, a esta pulsión por España que sienten decenas de miles de sefaradíes desperdigados por el mundo. En la medida de lo posible, Casa Sefarad-Israel pretende corregir este déficit de atención y respuesta a tan hondo sentimiento de la comunidad sefardí, que siglos después de haber sido expulsada, en condiciones absolutamente inhumanas, no sólo no guarda rencor sino que mantiene y profesa añoranza y afecto por la tierra que les obligó a partir. Tenemos el deber moral de responder en iguales términos pero es que, además, hacerlo será tremendamente provechoso para España, porque, por ejemplo, en la misma visita a México descubrí que son unos treinta mil los sefardíes que habitan Canadá, país con el que no mantenemos relaciones lo suficientemente intensas. Se me ocurre que al menos un par de miles de sefardíes canadienses, muchos de los cuales sienten el mismo apego a España y lo español, tendrán cierta influencia económica y podrán ser de tremenda utilidad para el establecimiento de relaciones económicas más intensas en beneficio mutuo. Si además de ser lo correcto es también beneficioso, miel sobre hojuelas.

Detengámonos también en la otra distancia, la distancia digamos más bien de carácter político que todavía existe entre España e Israel. De una parte, España es percibida en Israel como un país excesivamente pro-árabe y hasta cierto punto antisemita, tanto por la expulsión como por otras manifestaciones anti-judías más recientes. De otra, España es un país muy volcado hacia Iberoamérica y hacia la Unión Europea, lo cual es muy positivo en ambos casos. Sin embargo, el acento en estas dos zona ha propiciado una excesiva ausencia en otras como Asia o, por ejemplo, Israel, con el que mantenemos un nivel de relaciones bastante bajo para nuestros respectivos niveles de desarrollo económico y el potencia de sinergias entre nuestras economías. Israel tampoco mira a España como una prioridad económica: antes se fija en Londres, Berlín, París o Roma, y desde luego en Estados Unidos, con quien mantiene una relación tremendamente fluida e intensa también en el ámbito económico. Poniéndolo en positivo, hay muchísima oportunidad, no diría de negocio en el sentido estricto, sino de cooperación en todos los ámbitos - científico, académico, educacional - que no está siendo suficientemente explotada hasta la fecha.

Además de la falta de suficiente atención mutua, la visión de Israel desde España es, no se si sesgada pero desde luego tremendamente incompleta. Parecería que Israel fuera un país en el que, exagerando pero sólo un poco, sólo hay soldados que violan constantemente los derechos humanos de los palestinos y fanáticos ultra religiosos que tienen una acusada tendencia a robarles la tierra. Algo de eso hay, evidentemente, pero hay también muchas más cosas. Aparte de que las generalizaciones como las que acabo de hacer son siempre falsas, la realidad israelí es particularmente plural, sofisticada y compleja como para hacer juicios de valor tan simples, en términos de bueno y malo, blanco y negro. Es cierto que el ejército israelí es una institución muy poderosa, muy fuerte, muy sólida dentro de la sociedad israelí, pero no es, pongamos por caso, el ejército turco: ni por asomo sería posible un golpe de estado militar en Israel. Y cuando uno lee la prensa española parecería que el ejército turco es un modelo en comparación con el ejército israelí. Por otra parte, hay ultra ortodoxos israelíes tremendamente pacíficos y los colonos no son todos ultra ortodoxos. Y los colonos no son todos iguales, los hay más agresivos y los que lo son por razones meramente económicas. Y desde luego, los colonos y los ultra ortodoxos son sendas minorías en la sociedad israelí.

Incluso los que no estén completamente de acuerdo con las afirmaciones que acabo de hacer, convendrán en que es difícil encontrar un país más heterogéneo que Israel, con mayor diversidad étnica, social, política y religiosa, complejidad que en modo alguno llega al gran público español. No se trata de que el españolito de a pie tenga un “Master” en sociedad israelí contemporánea pero sí de que tengamos algunas fuentes que sean un poco más amplias y objetivas, que junto a las cosas negativas de Israel nos informen también de las mil y una cosas positivas que esa sociedad genera constantemente. En este sentido, tengo muy claro que no le corresponde a Casa Sefarad-Israel ejercer de agente de relaciones públicas de Israel o de su gobierno, pero sí actuar como intermediario, más bien como canal, para que la sociedad española disponga de una mayor pluralidad de datos objetivos, para que pueda formarse una opinión no sólo en libertad sino también con verdadero conocimiento de causa, por supuesto sin excluir las opiniones críticas. Lo que pretendemos en completar la foto, no manipularla con photoshop, si se me permite el símil.
Quizás deba mencionar que una institución tan joven y tan flexible como Casa Sefarad-Israel y con un mandato tan amplio como es promover las relaciones entre España, Israel y las comunidades judías alrededor del mundo en prácticamente todos los ámbitos, la interpretación personal de dicho mandato, el proyecto que conciba quien dirija la institución tiene bastante impacto sobre la trayectoria de la misma. En este sentido, cuando llegué al cargo me planteé consolidar todo lo bueno que había logrado ya mi antecesora, la Embajadora en misión especial Ana Salomón, y aprovechar el reemplazo para ampliar el abanico de actividades. A mi antecesora le tocó la parte más ardua: cumplimentar todos los procedimientos legales y administrativos relacionados con la creación de la institución, seleccionar al personal, etc. Le dieron las piezas para una bicicleta y fue capaz de ponerla en pie, señaladamente en el ámbito cultural y en el del Holocausto y antisemitismo. Bajo mi dirección, Casa Sefarad-Israel ha mantenido y progresado en estas áreas y nos hemos expandido para cubrir también otras tres: Educación, Sociedad Civil y Economía y Empresa. No me corresponde a mi juzgar pero creo que la apuesta está teniendo buenos resultados. En el ámbito económico, hemos realizado ya varios seminarios comerciales con empresas. En el de sociedad civil, estamos organizando encuentros de profesionales de diferentes sectores. Estos días tiene lugar un simposio de médicos israelíes, españoles y judíos de otros países especialistas en el tratamiento de las víctimas de explosiones terroristas. A finales de noviembre tenemos previsto un gran foro civil que reunirá a unos ochenta activistas sociales israelíes, unos veinte activistas sociales judíos de otros países y unos ciento cincuenta activistas sociales españoles. Por lo que respecta a la educación, estamos estableciendo puentes entre universidades israelíes y españolas. En todos estos campos estamos encontrando que hay bastante demanda, que hay muchos socios, muchas instituciones, muchos agentes que tienen buenas ideas y proyectos que Casa Sefarad-Israel puede ayudar a materializar.

Uno de nuestros objetivos, al menos hasta que alcancemos la mayoría de edad institucional a la que me refería antes, tiene que ser también la de alcanzar una cierta notoriedad como institución. No sé cuántos de ustedes sabían de la existencia de Casa Sefarad-Israel pero desde luego fuera de foros afines a las materias que nos ocupan, prácticamente nadie la conoce. El mejor indicador es la dificultad que encontré cuando comunicaba a mis conocidos mi nuevo destino profesional: al final siempre acababa diciéndoles que era algo parecido a Casa América pero en pequeño. Mi objetivo es que los que vengan detrás tuvieran menos dificultades, que la gente empiece a conocer de nuestra existencia y nuestros objetivos y actividades. Ello nos lleva a privilegiar aquellas actividades que tienen un mayor impacto público potencial. No se trata de hacer sólo para ser vistos, pero sí de que cuando hagamos algo, tenga el atractivo necesario para llegar al gran público. Al menos, debemos conseguir que los judíos españoles y los de fuera de España sepan del esfuerzo que España está haciendo, en términos políticos y económicos. En Israel todavía nos conoce muy poca gente. Espero que esto cambie, de hecho creo que está cambiando ya, lentamente, pero queda muchísimo camino por recorrer en este sentido.

Otro de mis objetivos es el de expandir el ámbito territorial de Casa Sefarad-Israel más allá de Madrid, como corresponde a una institución pública con vocación estatal. Para empezar, desarrollamos un número creciente de actividades en otras ciudades españolas. Además, estamos en conversaciones con las autoridades locales de Cataluña y Andalucía para establecer lo que nuestros estatutos definen como “delegaciones territoriales”, algo que espero poder concluir con éxito antes de que finalice mi mandato. Ello nos permitiría acercarnos a un número muy superior de ciudadanos a un coste extra limitado por las economías de escala.

Mis otros dos objetivos “estratégicos” son el de compensar nuestro menor presupuesto público recurriendo a patrocinios privados y el de mejorar nuestra eficiencia presupuestaria. No es la mejor época para solicitar donaciones a las empresas y fundaciones, evidentemente, pero estamos haciendo algunos progresos notables. En cuanto a la eficiencia presupuestaria, se trata de ahorrar todo lo posible en los gastos “internos”, es decir, gastos corrientes y de personal, para tener más recursos para organizar actividades. Manejamos fondos públicos que no sólo requieren transparencia y un respeto escrupuloso de la normativa sino también la mayor de las eficiencias.

Quiero ahora tocar la cuestión de la presencia judía en la España de hoy, lo que yo llamo la normalización de la comunidad judía española. Desde principios de los años noventa, la interlocución de la comunidad judía con el Estado está absolutamente normalizada, algo que ahora parece evidente pero que no fue en absoluto fácil. La Inquisición no echó el cierre hasta los años treinta del Siglo XVIII y la libertad de culto no se reconoció hasta la Constitución de 1869, es decir, anteayer en términos históricos. Y después hemos tenido varios episodios muy complejos como toda la propaganda sobre el “contubernio judeo-masónico”, por poner sólo un ejemplo.

La cuestión es que a fecha de hoy, la mayoría de los españoles no ha entrado nunca en contacto con un judío español. La comunidad judía española no es muy numerosa, entre treinta y cuarenta mil personas, pero lo que la caracteriza principalmente es la invisibilidad o transparencia, en otras palabras, la discreción extrema. Los judíos españoles raramente se significan como tales. En otras partes del mundo, con comunidades judías más grandes o de tamaño similar, la situación es bien diferente. Desde Casa Sefarad-Israel nos hemos propuesto empezar a corregir este déficit. Se trata de organizar algún tipo de celebración pública con ocasión de las principales fiestas judías: el año nuevo judío, Hanuka, Purim, etc. El año pasado organizamos una pequeña recepción con ocasión de Rosh Ashaná y dado el éxito, en diciembre celebramos Hanuka en la Plaza de Olavide de Madrid. Fue un acto de barrio sin pretensiones, muy sencillo, con bailes de niños y buñuelos. Pues bien, congregamos a varios centenares de personas y Telemadrid hizo una conexión de varios minutos en directo. Mi sorpresa fue que, al parecer, nunca se había hecho algo parecido en España, al menos de la misma magnitud, atrayendo a españoles no judíos a una celebración judía. En este sentido, vamos a seguir apoyando la apertura al gran público de las celebraciones hasta ahora restringidas a la comunidad judía, más allá de las exposiciones y coloquios para entendidos e ilustrados, para que la sociedad española empiece a familiarizarse con algunas nociones básicas de la cultura judía: que el shabat no empieza el sábado sino el viernes, que el candelabro de Hanuka tiene nueve brazos en vez de los siete de la Menorah ordinaria, que los judíos más religiosos siguen un régimen alimenticio especial llamado kasher… De la misma manera que conocemos que los musulmanes ayunan durante el Ramadan o que el año chino recibe el nombre de un animal y empieza y termina en fechas distintas al nuestro.

Entiendo que todo ello sería enriquecedor para la opinión pública española y que, además, contribuiría en parte a mitigar uno de los factores que contribuye a la pulsión antisemita o rayando en el antisemitismo que manifiestan algunos sectores de la sociedad española. Yo no comparto la visión que dan algunas encuestas internacionales de que España es el país antisemita de Europa. No lo comparto en absoluto. Y me irrita enormemente cuando eso me lo dice alguien que viene de un país donde hay ataques a judíos, ataques físicos, o a cementerios judíos. Afortunadamente estas cosas no pasan en España. Pero sí hay en nuestra sociedad un antisemitismo más verbal, más declarativo, que yo, es mi convicción personal, creo que tiene un gran componente de ignorancia. Es un antisemitismo contra el judío que tiene cuernos y rabo, contra un judío imaginario, al que no se conoce porque a los judíos españoles no se les percibe como tales, porque los españoles apenas viajan a Israel y porque los turistas israelíes vienen poco a España.

La ignorancia generalizada se aprecia claramente en la manera en la que los medios de comunicación se refieren a Israel y a los judíos, mezclando términos bíblicos y modernos: israelita, israelí, judaico, hebraico, etc., sin ningún rigor. Es paradigmático la frecuencia con la que se utiliza la coletilla “de origen judío”: o se dice claramente que el personaje en cuestión es judío - lo que aparentemente no se atreven a hacer por miedo a ser calificados de antisemitas – o no es relevante en cuyo caso no hay por qué apuntarlo. Lo que no tiene sentido es decir que tal ciudadano español es “de origen judío”. Será de origen cordobés o vallisoletano pero judío lo será o no lo será, pero no de origen. Y un extranjero será judío o será israelí, pero tampoco de origen judío. En este sentido, espero que seamos capaces de contribuir, aunque sólo sea con un barniz muy superficial, a mitigar este estado de ignorancia y confusión generalizadas y transformarlo gradualmente en un conocimiento algo más real de lo que es la cultura judía, el mundo judío, del que, como decía al principio, somos herederos directos.

No puedo concluir sin abordar un factor, que escapa completamente a nuestro control, que facilitará u obstaculizará enormemente la consecución de todos los objetivos que acabo de enunciar. Me estoy refiriendo, claro está, al proceso de paz de Oriente Medio. La conflictiva situación en Oriente Medio tiene también mucho que ver con la relativa animadversión que en España hay hacia lo judío. Aquí también juega un papel importante la ignorancia porque los judíos de - pongamos por caso - Argentina, tienen muy poco que ver con una política concreta israelí, por buena o mala que esta sea. Pero con independencia de esto último, es evidente que la reactivación de las negociaciones y los avances tangibles hacia una paz duradera entre Israel y sus vecinos árabes, despejarían nuestro camino de forma sustancial.

Yo he trabajado más de una década en temas directamente relacionados con el proceso de paz de Oriente Medio así que tengo claras las dificultades y los peligros, pero también que Israel y sus vecinos no tienen otra opción que renunciar a los postulados maximalistas y pactar. Es difícil pero en absoluto imposible y tengo la esperanza de que en los próximos meses la comunidad internacional sea capaz de generar un nuevo y decisivo impulso que ayude a las partes a aunar la suficiente voluntad política para hacer lo que todos saben que no tienen más remedio que hacer si quieren vivir en paz, seguridad y prosperidad. En todo caso, desde Casa Sefarad-Israel seguiremos desplegando nuestros mejores esfuerzos para que España, como país, y los españoles como sociedad, vayamos progresivamente teniendo un mayor y mejor conocimiento del mundo judío y de Israel, con todos sus pros y sus contras.

Concluyo ya repitiendo que me siento privilegiado por dirigir Casa Sefarad-Israel, una institución que cuenta con unos medios considerables para tratar de conseguir, y me atrevo a decir que para conseguir, los objetivos que he enunciado en un plazo razonable. Por supuesto, Roma no se hizo en un día y no sería sensato pretender recuperar todo el tiempo perdido de golpe. Pero es algo absolutamente necesario por nuestra historia, y además, tremendamente provechoso. Y cuando lo que moralmente debes hacer es además lo que más te beneficia, no hay ninguna excusa para dejar de hacerlo.

Muchas gracias.